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LA VIA ROMANAAnguita (Guadalajara) pueblo de poca importancia, de fundación ibera, fue llave de la militar y comercial de la España romana, por cuanto que allí se bifurcan dos vías principales romanas; una que iba por Medinacelí a buscar las grandes ciudades del Duero, UXAMA, ONIA CLUNIA Y TIERMES; la otra Anguita, Luzaga, Algora, Matillas, Atienza, Berlanga y Osma (UXUMA). Estas dos vías convergentes arrancaban de Anguita para tomar por Mazarete, Monreal del Campo y Teruel a Sagunto. El trazado de la vía romana que cruza el término municipal del lugar que estamos estudiando, debía de pasar (a juzgar por el empedrado) por el camino de las Postas, cerca de las Cruces de los tres franceses y dejando a la izquierda la línea de la carretera vieja y por debajo del cañizo del Alda, sale el camino de Brihuega, al palo de la venta y cruzando Navatienza, se introduce por el Gollizno y siguiendo el camino de las Postas por el Prado Salinero, marcha en línea recta al Viso de los Palancares. El verdadero interés histórico no se cifra en la construcción del trazado de las vías romanas, sino lo curioso del caso, es que el ejército lucido de patricios y máquinas de guerra que Scipión trajo para poner el memorable cerco de Numancia, no entró en Iberia por el Pirineo, sino que cruzando el Mediterráneo, desembarcó en Valencia y por Sagunto subió en ola de destrucción por estas vías romanas marcadas. De Rodrigo Díaz de Vivar, aquél mandatario del pueblo que mirando por el honor de Castilla y del mismo rey, se vio en la dura precisión de exigir al notabilísimo Alfonso VI el juramento de Santa Gadea, aquél, cuyas proezas por lo numerosas y extraordinarias, pareciendo increíbles, pasando de históricas a legendarias, el que por sus hazañas mereció el nombre de Cid Campeador, hizo atrevidas excursiones por este territorio, pasando con sus tropas por la vía romana que nos ocupa. En el barranco llamado la Hoz de Anguita, contiguo a la Iglesia parroquial, todavía existen las cuevas del Cid. Se supone que en aquellas cuevas, abiertas por la naturaleza, alojaba al Campeador, sus caballos de guerra y sus hombres de armas. Las campañas del Cid sobre tierras de Teruel y Molina son auténticas, pero lo novelesco es el viaje del Cid al desterrarlo el rey que se proclama monarca de Castilla en Santa Gadea de Burgos. |